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UN RAYO de LUZ PARA VER
Cuantas cosas desfilan delante
Cuantas cosas pasan sin ver
Cuantas cosas ocultas delante.
Cuantas cosas importantes sin ver.
Cuantas otras mas necesitamos.
Cuantas miserias nos invaden.
Sin darnos cuenta que podemos,.
Dejamos pasar y sucumbimos.
Cuantas veces tratamos de mirar más allá.
Cuantas veces nos invade la ansiedad.
Cuantas veces renegamos por no ver.
Cuantos tienen a la vista, lo que se ve
Casi siempre pasan de largo sin ver
Casi siempre sonreímos por sonreír
Casi siempre nos enojamos por enojarnos
Casi nunca medimos sus consecuencias
Casi siempre pensamos en agradar
Casi siempre nos olvidamos de nosotros
7 de diciembre de 2000
Francisco H. Figueroa
Bendita Flor
Siempre veo en tus claros ojos
El hermoso espejo de tu vida
En ellos impreso está el brillo
Estima que conquistó mi alma
Dulce y dorados pensamientos
Emergen recordando tu imagen
Ella ocupa mi vida permanente
Creando un rosario de fantasías
Sin ti no tengo calma en mi vida
El puñal de la angustia y perfidia
Me tiene sumido y desesperado
Pudiera lograr que yo esté en ti
Pero tú acallas tu existencia lejos
Bendita flor en un ilusorio jardín
Claro Lirio azul mimado por la luz
Que perfuma a todos menos a mí
En tu seno querría yo libar tu miel
Llegar a ver en tus ojos la luz real
Baño mi espíritu en tu lágrima feliz
Colmada la existencia de felicidad
francisco Página 122 26/10/07
Ausencia
Han pasado las horas y los días de ausencia,
Y mis suplicas que en un tiempo fueron llanto,
Fijan en mi mente el recuerdo de tu encanto.
Tan pronto lloro o me debato en mi dolencia.
El alma de la tarde vestida de infinita hermosura,
Hace que, en dos seres florezca un sentimiento.
Que griten a todos y al viento, su profunda pasión.
Batiendo todo y a todos en tiempo inconmensurable.
Se, que en un beso cabra el amor y la dicha de los dos.
Porque se de mis suplicas,
Que en un tiempo fueron llanto,
Se de mis íntimos pensamientos angustiados.
Ese beso de amor y dicha se trocara en eterno canto.
Eres como un árbol que me tienta con sus frescos racimos,
Esas bellas frutas maduras, que penden de sus gajos.
Por tu respirar, y tus ojos que son tan divinos,
Inducen mi voluntad, creyendo tenerte y poseerte ya.
Comparto mi creencia cósmica sin melancolía,
Comprendiendo al mundo y de su futura suerte.
Yo no opongo mi voz, a las voces del destino,
Comienzo a entender, el misterio de aquí y de allá,
De la vida hermosa,
Y la irremediable desintegración al final del camino.
A Dios le pido, que antes de llegar al destino final,
Me de la dicha de llevarte en mi mente al mas allá,
Tu bella imagen que en mi vida,
Tu ausencia me negó.
Agosto 1999
Juan Francisco H. Figueroa
Canción del alma
Escucho el murmullo misterioso,
De tu suave voz en mis oídos.
Y sufro de no poder ver ni tener,
Es todo una ilusión propia de mí.
Yo se que existes que estas allí,
Que sigues pendiente de mi vida.
Que la dulce melodía de nuestra
canción de amor, no se diluyó.
Cada ves que escucho su preludio,
Mi alma vuela como ángel celestial.
Tomando la frescura del manantial,
Adueñándose de todo calor viviente.
Regreso nuevamente a tus labios,
Iluminan mi ser, el brillo de tus ojos.
Me baña de placer tu lágrima feliz.
Siento tu corazón junto al mío latir.
Que mas puedo yo pedir,
Mis tristezas se van, cuando tu estas.
Si piso las espinas estas parecen flores,
Cantan los ruiseñores, adornan mis pensamientos.
Todo es luz y felicidad cuando tu estas.
Jueves, 05 de junio de 2008
Francisco H. Figueroa
Melancolía
Como un hechizo que estimula la vida,
Y prolonga el frio sufrimiento de niñez
Flota y se desplaza en ansiada búsqueda,
De los brazos de su amada Inés.
El caprichoso sentimiento ve pasar la vida,
Como ve pasar el imperturbable rio.
Aguas impenetrables en sus sentimientos,
Clara y sutil visión de agoreros presagios.
Inclina su mente, verdad del pensamiento,
En busca de torcer su propio y cruel destino,
Su imagen halo de luz, flotando libre al sol,
Enhebrando senderos, torciendo quimeras,
Te llevas todo nada me dejas, en la vida,
Quiero contigo estar en el viaje final.
Llevaré el agradecimiento de lo que dejo.
La sucesión de seres a mí, mimetizados.
Legiones de desaforados seres vivientes,
Como animales con las fauces abiertas.
En desmedida crueldad atacan a débiles,
Más que oro y comida buscan venganza.
Venganza contra el destino y oportunidad,
No entender la razón de existir y no tener.
Nombre ni lugar donde estar con seguridad,
Entiende que no tiene vida, ni de prestado.
Existe en una sociedad, todos ciegos y sordos,
Pero dueños del mundo en el que viven,
Sin entender el porque de la sin razón, no ver,
La desnudez y castigo, expuesta al dolor.
Laberinto infernal, concebido malignamente,
Cruel castigo, sin medida propia y sujeta a,
Venideras reacciones cíclicas, universales.
Parangón, otras tantas Sodoma y Gomorra.
Poder inequívoco, el alma y el pudor,
Aunque no este de acuerdo con el linaje.
Belleza y la libertad son tan solo efímeras,
Para el cuerpo que se encuentra dentro,
De un cofre y en un cofre seguirá estando,
Promediara la vida igual, en la desigualdad.
La suerte furtiva no iguala a la dimensión,
Por un lado da y por otro quita la razón.
O da mucho de pobreza o de gran riqueza,
Otorga bienestar en lo material sega lo espiritual,
acreencia de los seres elegidos.
La salida, enviar como mensajero al espíritu,
El, puede volar y pasar las grandes murallas,
Hablar con los espíritus superiores, traer en si,
El mandato propio para romper la desigualdad.
Buscar en lo hondo de los abismos, encontrar,
Localizar el escondido mal, con arraigo fiel,
No apagar la llama del virtuosismo imperante.
Que más allá de esta vida, solo existe la nada.
Que no hay cielo ni infierno, la inmortalidad
Esta aquí, plasmada en hechos reales dejados.
Observen a los grandes, están entre nosotros,
Seguirán estando por los siglos de los siglos.
Jueves, 05 de junio de 2008
Francisco H. Figueroa
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