No se si decir que te has ido,
No se como ni donde o si algún día,
Si el existe, allí contigo estaremos
La expresión de mis letras ,
No llenara el vacio, ni cicatrizará la herida,
Dejada por el cruel destino,
Que con asechanza nos golpeo.
Amigo tuyo siempre seré,
La esencia de tu vida eso dejo,
Una gran amistad, fundida en tu andar,
De serenatas y guitarreadas.
Música sueños y amores,
Llenan la vida,
De todo hombre bien nacido.
Vibran las cuerdas, sedientas de armonías,
Cubren los espacios siderales
Amigo Carlos,
Trato de encontrar la justa palabra,
Con la simpleza que emana del alma.
La luz del sol aparece todos los días,
El Ocaso da la impresión de taparlo todo.
Pero la luz sigue brillando
Tu presencia siempre estará
27/marzo/2004
Francisco Figueroa
Han venido a dar Serenata
EL REGRESO
El suave acorde que se escucha,
En la quieta y apacible tarde,
Son los músicos que ensayando están.
El crepúsculo con su frescura,
Con su cielo color naranja,
Es una pintura la puesta del sol.
Como si fuera naranjal esperando un chámame.
El cielo de nuestros criollos
Que observa el gran acontecimiento.
Se escucha el suave bordonear de una guitarra
El Carlos la viene cantando, es La Telecita.
Es Lucero y el Carlos que han bajado a dar serenata
Han regresado para estar con los suyos.
Son los pintores de la música,
Que con cadente ritmo de bandoneón y guitarra,
Interpretan la melodía. Es el Yaguareté
Que ha regresado a su lugar querido,
Echo música en tiempo de chamamé.
Él no quiere que haya pena,
Que lo recuerden bailando y cantando
Con música de chamamé
Nocheros de la noche criolla, la noche del Litoral.
Plasmado en su pentagrama,
Haciendo historia con su bandoneón.
Como en la noche criolla del Litoral.
Abril de 2003 Francisco H. Figueroa
Quien no lo conoció
De temperamento tranquilo y humilde
Mucho no se sabe de él, de su pasado
Era un personaje especial del lugar
Su vestimenta raída y maloliente,
Sus compras en la ciudad hacía, que sé
Convertían en dádivas del comerciante
Hablando de todo en su lengua enredada,
De campos de caballos, cosa pasadas por él.
Como saber el viaje que su mente hacía,
En que lugar su pensamiento se encontraba,
Caminaba tranquilo dialogando con consigo.
Miraba con esos ojos celestes cristalinos
Como mirando las lejanías insondables del alma,
Dando visos de una gran pureza espiritual.
Nadie lo lastimaba, seguido de sus perros
Y niños escuchaban sus anécdotas y cuentos.
Quien pudo saber si era dichoso o desdichado
Quien pudo escrutar su vida y su pasado.
Paño de lágrima ser, escuchar sus quejas.
Cual el mensaje transmitido en su existencia.
Cosas del pasado, historias del presente.
Que designios de vida los de hoy serán,
Como un palpitar de irónicas ilusiones
En continua, eterna y cambiante armonía.
Hitalo fue parte del paisaje, quedó plasmado en él.
Como una referencia mas de lo que hubo.
Baluarte de las mentes peregrinas,
Como el ave que vuela sin rumbo fijo.
Que ningún pueblo del mundo puede renegar.
28 de febrero de 1999
Francisco H. Figueroa
Melancolía
Como un hechizo que estimula la vida,
Y prolonga el frio sufrimiento de niñez
Flota y se desplaza en ansiada búsqueda,
De los brazos de su amada Inés.
El caprichoso sentimiento ve pasar la vida,
Como ve pasar el imperturbable rio.
Aguas impenetrables en sus sentimientos,
Clara y sutil visión de agoreros presagios.
Inclina su mente, verdad del pensamiento,
En busca de torcer su propio y cruel destino,
Su imagen halo de luz, flotando libre al sol,
Enhebrando senderos, torciendo quimeras,
Te llevas todo nada me dejas, en la vida,
Quiero contigo estar en el viaje final.
Llevaré el agradecimiento de lo que dejo.
La sucesión de seres a mí, mimetizados.
Legiones de desaforados seres vivientes,
Como animales con las fauces abiertas.
En desmedida crueldad atacan a débiles,
Más que oro y comida buscan venganza.
Venganza contra el destino y oportunidad,
No entender la razón de existir y no tener.
Nombre ni lugar donde estar con seguridad,
Entiende que no tiene vida, ni de prestado.
Existe en una sociedad, todos ciegos y sordos,
Pero dueños del mundo en el que viven,
Sin entender el porque de la sin razón, no ver,
La desnudez y castigo, expuesta al dolor.
Laberinto infernal, concebido malignamente,
Cruel castigo, sin medida propia y sujeta a,
Venideras reacciones cíclicas, universales.
Parangón, otras tantas Sodoma y Gomorra.
Poder inequívoco, el alma y el pudor,
Aunque no este de acuerdo con el linaje.
Belleza y la libertad son tan solo efímeras,
Para el cuerpo que se encuentra dentro,
De un cofre y en un cofre seguirá estando,
Promediara la vida igual, en la desigualdad.
La suerte furtiva no iguala a la dimensión,
Por un lado da y por otro quita la razón.
O da mucho de pobreza o de gran riqueza,
Otorga bienestar en lo material sega lo espiritual,
acreencia de los seres elegidos.
La salida, enviar como mensajero al espíritu,
El, puede volar y pasar las grandes murallas,
Hablar con los espíritus superiores, traer en si,
El mandato propio para romper la desigualdad.
Buscar en lo hondo de los abismos, encontrar,
Localizar el escondido mal, con arraigo fiel,
No apagar la llama del virtuosismo imperante.
Que más allá de esta vida, solo existe la nada.
Que no hay cielo ni infierno, la inmortalidad
Esta aquí, plasmada en hechos reales dejados.
Observen a los grandes, están entre nosotros,
Seguirán estando por los siglos de los siglos.
Jueves, 05 de junio de 2008
Francisco H. Figueroa
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