17 de Mayo, 2008, 19:27: Francisco Hector FigueroaGeneral

     Canción del alma

Escucho el murmullo misterioso,

De tu suave voz en mis oídos.

Y sufro de no poder ver ni tener,

Es todo una ilusión propia de mí.

Yo se que existes que estas allí,

Que sigues pendiente de mi vida.

Que la dulce melodía de nuestra,

canción de amor, no se diluyó.

Cada ves que escucho su preludio,

Mi alma vuela como ángel celestial.

Tomando  la frescura del manantial,

Adueñándose de todo calor viviente.

Regreso nuevamente a tus labios,

Iluminan mi ser, el brillo de tus ojos.

Me baña de placer tu lágrima feliz.

Siento tu corazón junto al mío latir.

Que mas puedo yo pedir,

Mis  tristezas se van, cuando tu estas.

Si piso las espinas estas parecen flores,

Cantan los ruiseñores, adornan mis pensamientos.

Todo es luz y felicidad cuando tu estas.

             Jueves, 05 de junio de 2008

                    Francisco H. Figueroa

              Un Hijo de esta ciudad

Lucero y su bandoneón                 

Silencio bandoneón,

El gran maestro Lucero duerme

No perturbemos su sueño,

Esta descansando,

De tantos avatares inciertos de su mundo

Se llevo su bandoneón y su música.

La difundirá allá donde duermen los justos.

Pobre bandoneón callado quedo,

Desde aquella noche aciaga y cruel, su alma quebró.

Se nublaron los horizontes culturales,

Se perdió entre las brumas, que rodean las despedidas,

Un cultor de lo nuestro, El Yaguareté.

Vuelas y rondas cerca de nosotros,

No te quieres ir de este tu lugar querido.

Pero Dios te ha llamado,

Tu Duende presente estará,

Donde haya una guitarra, un bandoneón o un chámame,

Respetaste las reglas de la vida,

Y tú destino final.

Quienes cerca de tu persona estuvimos,

Compartiendo tus anhelos,

En la justa dimensión de tu mirada.

Hermano reposa tranquilo tu sueño.

Nuestro humilde homenaje,

Al músico, al músico amigo

De ahora en adelante,

Reunido con los grandes estarás,

Deleitando y deleitándote, con la pureza de sus almas

Tu halo de luz llego y estuvo entre nosotros,

Dándonos la inspiración de tu fuelle chamamecero,

Escribiendo en el pentagrama,

De tu trayectoria.

No te digo adiós hermano,

Sino un hasta siempre

Enero 2003

Francisco H. Figueroa

Despedida de un amigo

A Mi amigo Carlos Taborda

No se si decir que te has ido,

No se como ni donde o si algún día,

Si el existe, allí contigo estaremos

La expresión de mis letras ,

No llenara el vacio, ni cicatrizará la herida,

Dejada por el cruel destino,

Que con asechanza nos golpeo.

Amigo tuyo siempre seré,

La esencia de tu vida eso dejo,

Una  gran amistad, fundida en tu andar,

De serenatas y guitarreadas.

Música sueños y amores,

Llenan la vida,

De todo hombre bien nacido.

Vibran las cuerdas, sedientas de armonías,

Cubren los espacios siderales

Amigo Carlos,

Trato de encontrar la justa palabra,

Con la simpleza que emana del alma.

La luz del sol aparece todos los días,

El Ocaso da la impresión de taparlo todo.

Pero la luz sigue brillando

Tu presencia siempre estará

27/marzo/2004

Francisco Figueroa

Han venido a dar Serenata

EL REGRESO                

El suave acorde que se escucha,

En la quieta y apacible tarde,

Son los músicos que ensayando están.

El crepúsculo con su frescura,

Con su cielo color naranja,

Es una pintura la puesta del sol.

Como si fuera naranjal esperando un chámame.

El cielo de nuestros criollos

Que observa el gran acontecimiento.

Se escucha el suave bordonear de una guitarra

El Carlos la viene cantando, es La Telecita.

Es Lucero y el Carlos que han bajado a dar serenata

Han regresado para estar con los suyos.

Son los pintores de la música,

Que con cadente ritmo de bandoneón y guitarra,

Interpretan la melodía.  Es el Yaguareté

Que ha regresado a su lugar querido,

Echo música en tiempo de chamamé.

Él no quiere que haya pena,

Que lo recuerden bailando y cantando

Con música de chamamé

Nocheros de la noche criolla, la noche del Litoral.

Plasmado en su pentagrama,

Haciendo historia con su bandoneón.

Como en la noche criolla del Litoral.

Abril de 2003  Francisco H. Figueroa

Quien no lo conoció                                  

De temperamento tranquilo y humilde

Mucho no se sabe de él, de su pasado

Era un personaje especial del lugar

Su vestimenta raída y maloliente,

Sus compras en la ciudad hacía, que sé

Convertían en dádivas del comerciante

Hablando de todo en su lengua enredada,

De campos de caballos, cosa pasadas por él.

Como saber el viaje que su mente hacía,

En que lugar su pensamiento se encontraba,

Caminaba tranquilo dialogando con consigo.

Miraba con esos ojos celestes cristalinos

Como mirando las lejanías insondables del alma,

Dando visos de una gran pureza espiritual.

Nadie lo lastimaba, seguido de sus perros

Y niños escuchaban sus anécdotas y cuentos.

Quien pudo saber si era dichoso o desdichado

Quien pudo escrutar su vida y su pasado.

Paño de lágrima ser, escuchar sus quejas.

Cual el mensaje transmitido en su existencia.

Cosas del pasado, historias del presente.

Que designios de vida los de hoy serán,

Como un palpitar de irónicas ilusiones

En continua, eterna y cambiante armonía.

Hitalo fue parte del paisaje, quedó plasmado en él.

Como una referencia mas de lo que hubo.

Baluarte de las mentes peregrinas,

Como el ave que vuela sin rumbo fijo.

Que ningún pueblo del mundo puede renegar.

28 de febrero de 1999 

  Francisco H. Figueroa

                Melancolía

Como un hechizo que estimula la vida,

 Y prolonga el frio sufrimiento de niñez

Flota y se desplaza en ansiada búsqueda,

De los brazos de su amada Inés.

El caprichoso sentimiento ve pasar la vida,

Como ve pasar el imperturbable rio.

Aguas impenetrables en sus sentimientos,

Clara y sutil visión de agoreros presagios.

 Inclina su mente, verdad del pensamiento,

En busca de torcer su propio y cruel destino,

Su imagen halo de luz, flotando libre al sol,

Enhebrando senderos, torciendo quimeras,

Te llevas todo nada me dejas, en la vida,

Quiero contigo estar en el viaje final.

 Llevaré el agradecimiento de lo que dejo.

La sucesión de seres a mí, mimetizados.

Legiones de desaforados seres vivientes,

Como animales con las fauces abiertas.

En desmedida crueldad atacan a débiles,

Más que oro y comida buscan venganza.

Venganza contra el destino y oportunidad,

No entender la razón de existir y no tener.

Nombre ni lugar donde estar con seguridad,

Entiende que no tiene vida, ni de prestado.

Existe en una sociedad, todos ciegos y sordos,

Pero dueños del mundo en el que viven,

Sin entender el porque de la sin razón, no ver,

La desnudez y castigo, expuesta al dolor.

Laberinto infernal, concebido malignamente,

Cruel castigo, sin medida propia y sujeta a,

Venideras reacciones cíclicas, universales.

Parangón, otras tantas Sodoma y Gomorra.

Poder inequívoco, el alma y el pudor,

Aunque no este de acuerdo con el linaje.

Belleza y la libertad son tan solo efímeras,

Para el cuerpo que se encuentra dentro,

De un cofre y en un cofre seguirá estando,

Promediara la vida igual, en la desigualdad.

La suerte furtiva no iguala a la dimensión,

Por un lado da y por otro quita la razón.

O da mucho de pobreza o de gran riqueza,

Otorga bienestar en lo material sega lo espiritual,

acreencia de los seres elegidos.

La salida, enviar como mensajero al espíritu,

El, puede volar y pasar las grandes murallas,

Hablar con los espíritus superiores, traer en si,

El mandato propio para romper la desigualdad.

Buscar en lo hondo de los abismos, encontrar,

Localizar el escondido mal, con arraigo fiel,

No apagar la llama del virtuosismo imperante.

Que más allá de esta vida, solo existe la nada.

Que no hay cielo ni infierno, la inmortalidad

Esta aquí, plasmada en hechos reales dejados.

Observen a los grandes, están entre nosotros,

Seguirán estando por los siglos de los siglos.

               Jueves, 05 de junio de 2008

                         Francisco H. Figueroa

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17 de Mayo, 2008, 17:03: Francisco H. FigueroaGeneral

   UN RAYO de LUZ PARA VER                              

Cuantas cosas desfilan delante

Cuantas cosas pasan sin ver

Cuantas cosas ocultas delante.

Cuantas cosas importantes sin ver.

Cuantas otras mas necesitamos.

Cuantas miserias nos invaden.

Sin darnos cuenta que podemos,.

Dejamos pasar y sucumbimos.

Cuantas veces tratamos de mirar más allá.

Cuantas veces nos invade la ansiedad.

Cuantas veces renegamos por no ver.

Cuantos tienen a la vista, lo que se ve

Casi siempre pasan de largo sin ver

Casi siempre sonreímos por sonreír

Casi siempre nos enojamos por enojarnos

Casi nunca medimos sus consecuencias

Casi siempre pensamos en agradar

Casi siempre nos olvidamos de nosotros

7 de diciembre de 2000

Francisco H. Figueroa

Bendita Flor                                                  

Siempre veo en tus claros ojos

El hermoso espejo de tu vida

En ellos impreso está el brillo

Estima que conquistó mi alma

Dulce y dorados pensamientos

Emergen recordando tu imagen

Ella ocupa mi vida permanente

Creando un rosario de fantasías

Sin ti no tengo calma en mi vida

El puñal de la angustia y perfidia

Me tiene sumido y  desesperado

Pudiera lograr que yo esté en ti

Pero tú acallas tu existencia lejos

Bendita flor en un  ilusorio jardín

Claro Lirio azul mimado por la luz

Que perfuma a todos menos a mí

En tu seno querría yo libar tu miel

Llegar a ver en tus ojos la luz real

Baño mi espíritu en tu lágrima feliz

Colmada  la existencia de felicidad

francisco        Página 122       26/10/07

                Ausencia             

Han pasado las horas y los días de ausencia,

Y mis suplicas que en un tiempo fueron llanto,

Fijan en mi mente el recuerdo de tu encanto.

Tan pronto lloro o me debato en mi dolencia.

El alma de la tarde vestida de infinita hermosura,

Hace que, en dos seres florezca un sentimiento.

Que griten a todos y al viento, su profunda pasión.

Batiendo todo y a todos en tiempo inconmensurable.

Se, que en un beso cabra el amor y la dicha de los dos.

Porque se de mis suplicas,

Que en un tiempo fueron llanto,

Se de mis íntimos pensamientos angustiados.

Ese beso de amor y dicha se trocara en eterno canto.

Eres como un árbol que me tienta con sus frescos racimos,

Esas bellas frutas maduras, que penden de sus gajos.

Por tu respirar, y tus ojos que son tan divinos,

Inducen mi voluntad, creyendo tenerte y poseerte ya.

Comparto mi creencia cósmica sin melancolía,

Comprendiendo al mundo y de su futura suerte.

Yo no opongo mi voz, a las voces del destino,

Comienzo a entender, el misterio de aquí y de allá,

De la vida hermosa,

Y la irremediable desintegración al final del camino.

A Dios le pido, que antes de llegar al destino final,

Me de la dicha de llevarte en mi mente al mas allá,

Tu bella imagen que en mi vida,

Tu ausencia me negó.

Agosto 1999

Juan Francisco H. Figueroa

     Canción del alma

Escucho el murmullo misterioso,

De tu suave voz en mis oídos.

Y sufro de no poder ver ni tener,

Es todo una ilusión propia de mí.

Yo se que existes que estas allí,

Que sigues pendiente de mi vida.

Que la dulce melodía de nuestra

canción de amor, no se diluyó.

Cada ves que escucho su preludio,

Mi alma vuela como ángel celestial.

Tomando  la frescura del manantial,

Adueñándose de todo calor viviente.

Regreso nuevamente a tus labios,

Iluminan mi ser, el brillo de tus ojos.

Me baña de placer tu lágrima feliz.

Siento tu corazón junto al mío latir.

Que mas puedo yo pedir,

Mis  tristezas se van, cuando tu estas.

Si piso las espinas estas parecen flores,

Cantan los ruiseñores, adornan mis pensamientos.

Todo es luz y felicidad cuando tu estas.

             Jueves, 05 de junio de 2008

                    Francisco H. Figueroa

                Melancolía

Como un hechizo que estimula la vida,

 Y prolonga el frio sufrimiento de niñez

Flota y se desplaza en ansiada búsqueda,

De los brazos de su amada Inés.

El caprichoso sentimiento ve pasar la vida,

Como ve pasar el imperturbable rio.

Aguas impenetrables en sus sentimientos,

Clara y sutil visión de agoreros presagios.

 Inclina su mente, verdad del pensamiento,

En busca de torcer su propio y cruel destino,

Su imagen halo de luz, flotando libre al sol,

Enhebrando senderos, torciendo quimeras,

Te llevas todo nada me dejas, en la vida,

Quiero contigo estar en el viaje final.

 Llevaré el agradecimiento de lo que dejo.

La sucesión de seres a mí, mimetizados.

Legiones de desaforados seres vivientes,

Como animales con las fauces abiertas.

En desmedida crueldad atacan a débiles,

Más que oro y comida buscan venganza.

Venganza contra el destino y oportunidad,

No entender la razón de existir y no tener.

Nombre ni lugar donde estar con seguridad,

Entiende que no tiene vida, ni de prestado.

Existe en una sociedad, todos ciegos y sordos,

Pero dueños del mundo en el que viven,

Sin entender el porque de la sin razón, no ver,

La desnudez y castigo, expuesta al dolor.

Laberinto infernal, concebido malignamente,

Cruel castigo, sin medida propia y sujeta a,

Venideras reacciones cíclicas, universales.

Parangón, otras tantas Sodoma y Gomorra.

Poder inequívoco, el alma y el pudor,

Aunque no este de acuerdo con el linaje.

Belleza y la libertad son tan solo efímeras,

Para el cuerpo que se encuentra dentro,

De un cofre y en un cofre seguirá estando,

Promediara la vida igual, en la desigualdad.

La suerte furtiva no iguala a la dimensión,

Por un lado da y por otro quita la razón.

O da mucho de pobreza o de gran riqueza,

Otorga bienestar en lo material sega lo espiritual,

acreencia de los seres elegidos.

La salida, enviar como mensajero al espíritu,

El, puede volar y pasar las grandes murallas,

Hablar con los espíritus superiores, traer en si,

El mandato propio para romper la desigualdad.

Buscar en lo hondo de los abismos, encontrar,

Localizar el escondido mal, con arraigo fiel,

No apagar la llama del virtuosismo imperante.

Que más allá de esta vida, solo existe la nada.

Que no hay cielo ni infierno, la inmortalidad

Esta aquí, plasmada en hechos reales dejados.

Observen a los grandes, están entre nosotros,

Seguirán estando por los siglos de los siglos.

               Jueves, 05 de junio de 2008

                         Francisco H. Figueroa

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